La Virgen María interviene y se dirige a Jesús como madre amorosa que cuida de sus hijos, que anhela que mantengan la alegría, y que desea poder ayudarlos ante las dificultades. En sus palabras “No tienen vino”, en Caná, expresó su preocupación por la situación que acontecía, pero, sobre todo, la confianza de que Jesús podía hacer lo extraordinario.

Por su cooperación en la misión de su hijo Jesucristo, María nos hace el llamado permanente de acudir ante Él, de ponernos ante Su altar donde se nos ofrece en cada Eucaristía para verter sus gracias sobre todos.

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